Opinión

Palabras

Por José Luis Olimón Velazco

Octubre 20, 2021 | 10-20 am

Todas las cosas tienen su tiempo; todo lo que hay debajo del sol tiene su hora.

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José Luis Olimón Nolasco

Entre los cantos de la Misa Popular Salvadoreña —estrenada en la coyuntura del martirio de San Óscar Arnulfo Romero y Galdames e interpretada, años después por un pequeño grupo de músicos del pueblo de Santa Isabel en su fiesta patronal del Señor de la Ascensión— hay uno cuya letra proviene del Libro del Qohélet —ese del que proviene la expresión ¡Vanidad de vanidades! ¡Todo es vanidad!—, perteneciente a los libros denominados sapienciales, en los cuales está plasmada la sabiduría del antiguo pueblo de Israel y tradicionalmente atribuidos al rey Salomón.

En ese canto —al igual que en el texto de ese libro también llamado Eclesiastés— se repite, una y otra vez, las expresiones “todas las cosas tienen su tiempo; todo lo que hay debajo del sol tiene su hora”…

Pues bien, esas expresiones poéticas en su origen, la hago mías para este regreso —tras una breve ausencia— de mis palabras a este espacio editorial de El Meridiano en la que parece ser “una nueva época” de su largo caminar.

Parodiando al Qohélet digo: Todas las cosas tienen su tiempo; todo lo que hay debajo del sol tiene su hora: tiempo de escribir y tiempo de dejar de hacerlo; tiempo de dejar de hacerlo y tiempo de volver a hacerlo…

Y, puesto que este volver a escribir —en respuesta afirmativa a la invitación expresa de Marco Olvera, el nuevo Director Editorial— está estrechamente unido con el haber dejado de hacerlo, mis palabras de hoy retoman esas que quedaron escritas, sin ser publicadas, en la coyuntura de la toma de posesión del Doctor Navarro…

Ahí escribía, inmediatamente después de ver la transmisión, en directo, de ese acto:

“Después de un largo intermezzo entre el día de la elección y la toma de posesión, esta mañana —en una fecha en que aún hiere el recuerdo del temblor de 1985 que hay quienes consideran que constituyó un momento clave en el debilitamiento del partido que se había constituido como el partido hegemónico al institucionalizar el movimiento social de 1910— el Dr. Miguel Ángel Navarro Quintero, después, por cierto, de dos intentos previos, fallidos, tomo posesión como XXI Gobernador Constitucional del Estado de Nayarit en el que originalmente se llamó Auditorio de la Gente y que se rebautizó —con poca imaginación diría yo— con el nombre de Amado Nervo convertido en recinto oficial provisional de la XXIII Legislatura al H. Congreso del Estado…

Parece mentira, pero, a estas alturas de mi vida —una altura no lejana de las de la vida del Dr. Navarro— el mensaje que pronunció —no sé si espontáneo o leído en algún teleprompter no perceptible desde la transmisión televisiva— me generó un estado de ánimo de esperanza.”

Y, en seguida, exploraba en mi interior las fuentes de las que surgió ese ánimo/a de esperanza, y encontraba dos fuentes fundamentales:

“La asunción de los problemas heredados como una oportunidad y no como un lastre, o peor aún, como puerta abierta a una eventual justificación en caso de no poder lograr despertar al “gigante dormido”, o para justificar que un sexenio no es tiempo suficiente para despertarlo y hacerle desarrollar su potencial.

La asunción de una actitud incluyente, que sin dejar de optar por quienes han sido víctimas de la pobreza y de la desigualdad, no busca la confrontación y la descalificación de quienes pudieran ser considerados los causantes de esas condiciones en la mayoría de la población, y exhortando a todos los sectores de la población —no solo al “pueblo”— a sintonizarse y armonizarse para hacer posible una transformación sinfónica de nuestro estado”.

Y otras, secundarias:

La decisión de afrontar y encaminar hacia su solución, con propuestas creativas y originales, los graves problemas financieros que aquejan al Estado, como la deuda del gobierno del estado de alrededor de $9,000,000,000; la deuda de la Universidad por $3,450,000,000; sendos adeudos de $1,000,000,000 millones de pesos a los servicios educativos federales y al INSABI, así como el problema de un 90% del presupuesto dedicado al pago de nómina y el problema de las pensiones del gobierno del estado y de la universidad…

La propuesta de hacer de Nayarit sede para el arranque de un nuevo modelo de servicios de salud federalizado, coordinado por el IMSS Bienestar, una vez resueltos la problemática laboral, es quizás, el proyecto específico que despierta más esperanzas.

Desde el espíritu crítico, de origen materno, que traigo en mis genes, acrecentado por el habitar en el ámbito de la filosofía a lo largo de varias décadas, no podían dejar de estar presentes algunas en esas palabras llenas de esperanza, tales como mi toma de distancia ante la consideración de Nayarit como un “gigante dormido”, o la laudable, pero inviable voluntad de erradicar la violencia contra las mujeres, adultas, las niñas y los niños y mi petición de que se cuente con un instrumento de planeación que haga viables y sustentables, el seguimiento y la evaluación de los proyectos de ese ambicioso proyecto de hacer de transformar a Nayarit y se deje de lado todo aquello que, siendo realistas, no será posible hacer realidad.

Aquí caben, y con esto concluyo, aquellas parábolas gemelas del evangelio —otra expresión indudable de la sabiduría antigua medio-oriental—: la de la torre y la del rey que va a la guerra: “Si uno de ustedes pretende construir una torre ¿no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si puede terminarla?”; “si un rey va a enfrentarse en batalla con otro, ¿no se sienta primero a deliberar si podrá resistir con diez mil al que viene a atacarlo con veinte mil?”

 

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