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Opinión

Género y esclavitud

Por Abraham Valencia

Diciembre 03, 2021 | 12:47 am

El pasado 25 de noviembre se conmemoró el “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer” y ayer el “Día Internacional para la Abolición de la Esclavitud.” Creados por la Asamblea General de las Naciones Unidas, dichas conmemoraciones tienen como fin, traer al recuerdo mundial no sólo acontecimientos, sino las grandes problemáticas que aquejan a millones de mujeres que padecen violencia de género y millones de seres humanos en condición de esclavitud. Problemáticas encubiertas en el sistema económico mundial, en el cual, entre las actividades más rentables se encuentran, por ejemplo: la industria militar, la prostitución y el narcotráfico.

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En la historia de Occidente, autonombrada “Universal”, se han fetichizado dos acontecimientos: La Independencia de los Estados Unidos y la Revolución Francesa. En la primera, la Declaración de Independencia de aquel 4 de julio de 1776 sostuvo que eran evidentes tres verdades: “que los hombres son creados iguales; que son dotados por su creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.” En la realidad, esas verdades no incluían a esclavos, amerindios y mujeres. Frederick Douglas, abolicionista de la esclavitud y editor del periódico The North Star cuyo lema era: “El derecho no tiene sexo, la verdad no tiene color” pronunció el 4 de julio de 1852 en Rochester, Nueva York, el famoso discurso, La hipocresía de la esclavitud estadounidense. En él expresó que el Independence Day para la gente negra era una farsa; y que la alardeada libertad e igualdad estadounidense, eran huecas burlas. Sus plegarias, himnos, sermones y agradecimientos a dios, impiedad e hipocresía que cubrían delitos que avergonzarían a cualquier nación de los llamados salvajes. Sus palabras finales fueron estrepitosas: “No existe nación sobre la Tierra en este mismo momento que sea más culpable de prácticas tan sangrientas como el pueblo de los Estados Unidos. Busquen donde quieran, recorran las monarquías y despotismos del Viejo Mundo, viajen por Sudamérica, persigan cada abuso y, cuando hayan encontrado el último, comparen lo encontrado con las prácticas diarias de esta nación y acabarán diciendo que, en el terreno de la repulsiva barbarie y la desvergonzada hipocresía, Estados Unidos no tiene rival.”

En 1789, de la Revolución Francesa salió LaDeclaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, cuyo artículo primero expresaba que “Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos”. Esta declaración, tampoco tardó en develarse como mentiras vivientes parafraseando al prefacio de Jean Paul Sartre del libro “Los Condenados de la Tierra “de Franz Fannon. Dichas mentiras, no tenían nada que decir a las mujeres, esclavos y demás hombres colonizados por Francia. Fue Olympe de Gouges, una de las primeras en denunciar la farsa con la publicación de la “La Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana” en 1791. Para asombro de los “machos ilustrados”, Gogues, no conforme con reclamar la igualdad de sexos, pedía que la igualdad se extendiese a los “hombres de color”. La respuesta de la Francia revolucionaria fue la guillotina para ella y otras mujeres, así como la continuidad del Code nair (código negro) de Luis XVI, en las posesiones francesas, entre ellas Haití, país que en 1805 promulgó su Constitución que en el artículo 14 estableció: "Todos los ciudadanos de aquí en adelante, serán conocidos por la denominación genérica de negros". Para 1808, Haití, proclamaría su independencia, puesto la exaltada universalidad de los Derechos Humanos de la Revolución Francesa, no valía para ellos.

En Guadalajara Jalisco, México, la Plaza de la Liberación tiene una estatua de Miguel Hidalgo que rememora el bando del 6 de diciembre de 1810, el cual imperaba a los dueños de esclavos, 10 días para liberarlos so pena de muerte. La abolición esclavista, también quedó de manera implícita en la Constitución de Apatzingán, de José María Morelos Pavón, nuestro héroe independentista mulato. En el México Independiente, después de la Constitución de 1824, se fue proscribiendo la esclavitud en las Constituciones de los Estados. En la Constitución liberal de 1857, su artículo 10, estableció que “en la república todos nacen libres. Los esclavos que pisen el territorio nacional recobran por solo ese hecho su libertad, y tienen derecho a la protección de las leyes”.

A pesar de diversas leyes abolicionistas federales y estatales en México, y que se presumía que miles de esclavos de Estados Unidos intentaron cruzar la frontera para obtener su libertad, México mantuvo en la realidad, relaciones esclavistas y semiesclavistas en diferentes regiones. Por ejemplo, ante la demanda de henequén, reconstruida por Fernando Benítez, en el clásico Ki: el drama de un pueblo y de una planta, se encuentra el drama el pueblo yaqui, capturado y vendido como esclavos, durante el régimen de Porfirio Díaz. En América, la continuidad de la demanda de productos por Europa Occidental y Estados Unidos como el algodón, azúcar, tabaco, ron, conservó relaciones esclavistas de producción dentro del sistema capitalista mundial.

Actualmente, la demanda de sexo, droga, y otros productos, mantiene relaciones semiesclavistas y esclavistas en gran parte del mundo. Desafortunadamente, como el papel que juega Zimbabue de abastecedor de los llamados diamantes de sangre a Europa Occidental y los Estados Unidos, México, ocupa un papel importante como proveedor de mujeres, niñas y niños para las redes de prostitución, y como líder abastecedor de droga: metanfetaminas y opio. Así como Estados Unidos y Europa Occidental que se autonombran adalides de la libertad, fueron los mayores demandantes de productos del esclavismo decimonónico, hoy lo son de droga y de sexo, tal y como lo establece Lydia Cacho en su libro Esclavas del poder: Un viaje al corazón de la trata sexual de mujeres y niñas en el mundo después de seguir las redes de explotación sexual de México, Estados Unidos, España, Inglaterra; Kirguistán, Turkmenistán, India, Camboya, Tailandia y Japón. Junto a la migración, México tiene externa e internamente una tarea titánica que hacer para eliminar la explotación sexual y abolir la esclavitud. En el caso de mujeres y niñas, las cifras son alarmantes, de no hacer pronto algo, como lo establece Lydia Cacho: es posible que la trata sexual creé un mercado que muy pronto pueda superar al número de esclavos vendidos en la época de la esclavitud africana. Tragedias humanitarias repetidas.

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