Opinión

Luis Reyes Brambila: vivir y morir de periodismo

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32 años pasaron desde aquella tarde de septiembre de 1989 en que conocí a don Luis Reyes Brambila hasta la mañana de este melancólico abril en que recibo la noticia de su muerte.

De golpe la historia se me viene encima a flashazos de todo lo vivido en Puerto Vallarta dentro y fuera de las páginas del Vallarta Opina, al lado de Reyes Brambila. Nunca se lo dije, pero lo tengo bien claro: fue él quien más valoró mi trabajo periodístico en Puerto Vallarta. Hasta nuestras últimas conversaciones a través del WhatsApp siempre tuvo la generosidad de elogiar mi trabajo como columnista del diario.

Desde esa tarde lluviosa del 89 me tocó presenciar a su lado el desarrollo del Grupo Vallarta Editorial, que de sus dos modestas prensas planas Ryobi pasó a tener una poderosa rotativa que en unos cuantos minutos imprimía lo que hasta entonces eran horas y horas de lenta impresión.

Del armado a cúter y cera pasamos al diseño e impresión de negativos en modernas computadoras y posteriormente al Directo a Placas, dejando atrás los pesados y complejos procesos manuales y mecánicos de la impresión del diario.

Tuvimos juntos el sueño de un diario vespertino en Puerto Vallarta, el Última Hora que pese a su calidad sólo pudimos mantener con vida por algunos meses. Y desde la apacible comodidad de su zona de confort en Puerto Vallarta no tuvo duda alguna cuando asumió el reto de abrir un diario en la capital de Nayarit.

No me atreví a aceptar su oferta cuando me invitó a ser el director fundador del Nayarit Opina, pero a cambio hice lo que a todas luces fue lo mejor: proponer a Jorge Souza Jaufred para que encabezara el proyecto, dándole al diario sin duda alguna su mejor época.

Años después, en el 2002, finalmente acepté el reto de incorporarme como columnista del Nayarit Opina, una etapa muy hermosa para mi porque tuve la oportunidad de conocer a muchos periodistas muy valiosas que hasta la fecha siguen siendo líderes de opinión en la prensa nayarita.

“Algo bueno debe tener el Nayarit Opina, porque por más que hemos trabajado para darle en la madre no lo hemos conseguido”, dijo con su característico sentido del humor la tarde que en la redacción del diario anunciaba el inicio de una nueva etapa en la vida del matutino.

Hoy Puerto Vallarta está de luto, porque ha perdido de forma irreversible al personaje que más la cuidó, que más la defendió, que más la promovió. Enamorados de Puerto Vallarta hay muchos, que llegan, se enriquecen y se van.

Lo de Luis Reyes con Vallarta fue amor del bueno, amor a primera vez que sólo la muerte pudo terminar.

Porque a los largo de los 43 años de existencia del periódico Vallarta Opina no hubo un solo día en que la portada del diario no estuviera destinada a la promoción del puerto. Por encima de cualquier otro interés Luis Reyes

Brambila siempre tuvo claro que lo más valioso de Puerto Vallarta era su imagen, por eso renunció a dotar al diario de una sección policiaca que hiciera del amarillismo su mejor fuente de ingresos.

La promoción turística fue lo suyo, por eso se hizo gran amigo de miles de vallartenses cuyo objetivo común era el desarrollo turístico del puerto. Muchos libros podrían escribirse en torno a lo que este dream team realizó en aras de la promoción turística de Puerto Vallarta y la Riviera Nayarit, lugar éste último donde hace años impulsó su tercer diario.

A sus 73 años de edad don Luis era un guerrero de la vida. En varias ocasiones enfrentó graves problemas de salud sin que su círculo más cercano de la redacción se enterara, y es que como buen director de orquesta tuvo el tino de integrar un equipo de trabajo que le permitiera al Vallarta Opina seguir saliendo cada mañana a la calle mientras él estaba siendo operado a corazón abierto en alguna clínica de Houston.

En 1999 se nos perdió de vista una buena temporada, meses después regresó a Vallarta rejuvenecido, con algunas cicatrices en el pecho pero listo para iniciar su pre campaña como candidato a la presidencia municipal.
Tres años antes sus amigos le habían dicho que era el momento para que el PRI lo postulara a la alcaldía pero  él dijo que no estaba listo, que le dieran tres años para prepararse. Y así fue, en el 2000 ganó a base de tenacidad la contienda interna del PRI, aunque el resultado final le fue adverso. Nunca sabrá Puerto Vallarta lo mucho que perdió al negarle la posibilidad de que fuera su alcalde.

Sus ausencias eran normales, le gustaba repartir su tiempo entre su casa de Puerto Vallarta y su casa de Phoenix, Arizona, de ahí que era difícil saber si andaba de vacaciones o estaba enfrentando una más de sus enormes batallas en defensa de su vida.

Pero siempre reaparecía más radiante que nunca, con un corazón de quinceañero y su enorme sentido del humor que hasta el final de sus días le permitió cultivar miles de amigos.

Hoy ya no está con nosotros y resulta difícil entender Puerto Vallarta sin Luis Reyes Brambila, porque durante más de cuatro décadas fueron un sólido binomio que sobrevivió a todo tipo de huracanes. Hoy por desgracia solo hay incertidumbre en el horizonte de la ciudad, a merced de una gavilla de políticos y empresarios voraces que sólo buscan la ganancia personal a costa de la degradación del municipio.

Siempre dije que yo escribía en el Vallarta Opina para que Luis Reyes me leyera, por eso siento que estas líneas ya no tienen sentido, pero es necesario recalcar lo mucho que hemos perdido todos en Puerto Vallarta con su partida.

Me queda por delante leer el libro que hace unas semanas me envió con mucha generosidad, El Vendedor de Silencio, la novela de Enrique Serna que aborda la vida de otro grande del periodismo del siglo pasado, Carlos Denegri. Y me queda también releer el libro que a cambio ya no le pude entregar: Morir de Periodismo, la novela de mi finado amigo Marco Aurelio Carballo que narra la vida del diario Unomásuno.

Quedan para nunca más las comidas postergadas para después de la pandemia, los proyectos a iniciar para después de las elecciones, los sueños a perseguir para cuando volviéramos a la normalidad, aunque hoy me queda claro que nada volverá a ser normal.

Con la muerte de don Luis se cierra la página más gloriosa del periodismo vallartense, aunque habrá quienes desde el fondo de su mezquindad pretenderán regatearle el título de El Mejor Periodista que ha tenido esta ciudad, hoy, mañana y siempre.

Queda su legado, sus libros que son un tesoro histórico para las futuras generaciones, el cúmulo de anécdotas a celebrar, y sobre todo una gran empresa que seguramente sabrá hacer honor a su estirpe y seguirá vigente muchos años después del obligado relevo generacional, mismo que en unos cuantos meses ha sacudido hasta sus cimientos las estructuras de dos grandes grupos editoriales de Jalisco y Nayarit, el de Meridiano y el de Vallarta Opina.

El Vallarta Opina seguirá más vivo que nunca porque si algo supo hacer muy bien don Luis fue garantizar que el periódico funcionara a la perfección sin su presencia. Sus hijas sabrán honrar su legado y mantener vigente la gran obra de don Luis Reyes Brambila: un diario familiar que cada mañana pueda entrar a todos los hogares de Puerto Vallarta con la tranquilidad de que su contenido es apto para toda la familia.

A mí se me fue don Luis y me he quedado sin mi único lector, pero a Puerto Vallarta le queda el Vallarta Opina, cuyos lectores deberán cuidarlo y defenderlo como si fuera propio.

Yo, por mi parte, esperaré unos cuantos días, porque seguramente muy pronto empezarán a circular las primeras ediciones de El Cielo Opina.

Descanse en paz don Luis, conocerlo y trabajar con usted fue uno de los mayores honores de mi vida.

 

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