Opinión

NUEVAS CAMPAÑAS, MISMOS POLÍTICOS

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Una de las partes más emblemáticas durante el proceso electoral es la denominada “campaña”, durante casi dos meses se siente un ambiente de cortejo entre políticos y electorado donde, la idea principal, es que los primeros logren enamorar a los segundos, para ello los políticos se atavían con su mejor traje de humildad, desempolvan las sonrisas y asumen una postura insólita de cercanía hacía con las personas, las abrazan, juegan con los niños, cantan y bailan, todo, con tal de lograr convencer a los votantes de sus “buenas intenciones”, de lograr su cometido se vivirá el momento culminante, el éxtasis de esta relación, en las urnas el 6 de junio, después de esto, sin duda, el inevitable divorcio comenzara a surgir.

Y es que esto no es nuevo, así ha sido por décadas, salir cada tres o seis años a convencer con retoricas recicladas a los electores ha sido una práctica común para la clase política del país, los mismos personajes, los mismos grupos de poder, con un muy conveniente cambio en el color de su camiseta y “renovadas” ideas, pero al final, con los mismas costumbres y malos hábitos de privilegiar el beneficio particular sobre el bien común.

Durante las últimas décadas del siglo pasado las campañas políticas, no eran más que un acto de legitimación para los candidatos, quienes eran designados por el partido en el poder, era un proceso poco competitivo, había muy poca confrontación o debate público, la asimetría de recursos y circunstancias de las diferentes corrientes políticas no permitían una contienda electoral justa y más bien se desarrollaban como acciones legitimadoras de decisiones autoritarias cobijadas bajo procedimientos supuestamente democráticos, en la que las acciones fraudulentas, la compra y coacción del voto eran prácticas comunes, situaciones que, tristemente, no han desaparecido.

Sin embargo y a pesar de sus múltiples y muy marcadas fallas, las campañas políticas de antaño eran entendidas como verdaderos ritos, protocolos bien diseñados que cumplían un objetivo, donde los candidatos eran verdaderos oradores, expertos en la arenga y la retórica; al elector, le tocaba jugar sólo un papel pasivo: escuchar y apoyar las plataformas programáticas de los partidos y sus abanderados, los eventos se hacían con muy poca tecnología, eran sumamente rudimentarios, se limitaban a los altavoces,  a los aparatos de sonido para el perifoneo y, ya más recientemente, a la radio y la televisión.

Hoy las circunstancias bajo las cuales se desarrollan las campañas políticas son otras, pero la clase política insiste en las mismas formas arcaicas para enamorar a sus electores, para vender su producto, sin ideas bien estructuradas, ni planeadas, ni meditadas, más bien ocurrencias que intentan construir un imaginario de alguien que, en realidad, no son y no serán, no les queda claro que el puesto público no trae por si solo conocimiento.

Se supone que las restricciones para evitar los contagios deberían de imperar en estas campañas, pero es claro que, bajo el cobijo de la maquiavélica frase “el fin justifica los medios” se han desarrollado procesos de campaña irresponsables, masivos y que no responden a la necesidad de la llamada “nueva normalidad”.

Estas inéditas circunstancias pareciera que impulsarían novedosos modelos de venta del proyecto político, más apegado al uso de las nuevas tecnologías de la comunicación, con muchos más elementos cualitativos y cuantitativos, diagnósticos, evaluaciones e identificación de problemáticas que permitan el correcto diseño de las políticas públicas.

Puerto Vallarta y Bahía de Banderas está viviendo un cambio generacional, una nueva sociedad que basa su desarrollo en la información y el conocimiento, jovenes que día a día ganan terreno con una nueva perspectiva y asimilación de la política, debemos de entender, que estos nuevos votantesque viven estos dos municipios conurbados, son política, social y culturalmente diferentes a los del siglo XX.

Lo que hasta el momento hemos visto son campañas arcaicas, con candidatos que siguen haciendo política a la vieja usanza, llevando a cabo acciones de convencimiento antiguas, lo que ha generado una terrible decepción de las mayorías, además de no atraer o alejar rápidamente a las nuevas generaciones de votantes, plantar arbolitos, barrer calles, prometer sin freno, paseadas a caballo, lucrar con la necesidad de la población, decir que no se es político aunque se ande en la política, etc, ya no alcanza para convencer a las nuevas generaciones.

Como en el pasado, los políticos de la región, construyen campañas de “tarima y retórica”, con líneas discursivas plagadas de conceptos pasados, intentando que su producto, ya caducado, llegue a la facilidad de las masas y no al convencimiento real de manera particular.

Me queda claro que el mundo pos moderno, la nueva realidad y las tendencias globales que pronto nos llegaran, la pandemia y las nuevas formas de vivir, les han quedado muy grandes a los políticos que hoy aspiran a gobernar los municipios de la región, esto se denota en la poca e innovadora manera de hacer campaña, en sus propuestas diseñadas al vapor, sin pies ni cabeza, una verdadera, vulgar e irrespetuosa venta de espejitos a una nueva sociedad que tiene más capacidad pensante y de razonamiento que los mismos candidatos.

Sin embargo, el análisis de esas propuestas lo dejaremos para otra ocasión, porque bien vale la pena intentar entender esos proyectos que van desde obras faraónicas, hasta increíbles populismos religiosos, pero antes de desgastarnos en ello habría que contestar algunas dudas no resueltas, ¿Por qué en el tiempo en que tuvieron otros cargos públicos no se propusieron o impulsaron estas iniciativas? ¿Por qué es hasta los tiempos de campaña que se habla de bienestar y desarrollo y mientras se está en el cargo público no se realiza? ¿Por qué no se diseña un modelo de desarrollo diferente, innovador, tecnificado, con políticas publicas viables y construidas desde este momento para que se presente desde el primer día de entrar en funciones?

Es claro que hay una terrible crisis de desconfianza, que se cierne sobre el sistema político en su conjunto, de Puerto Vallarta y Bahía de Banderas y que, sin duda, se verá reflejado en el alto abstencionismo durante las elecciones de junio próximo, sobre todo porque es un hecho irrefutable que los ciudadanos y mayormente las nuevas generaciones, están perdiendo la fe en la capacidad de las instituciones para cumplir las promesas sin sustento que se hacen al calor de las campañas, pero mientras no se reconozca por parte de los políticos su carencia de preparación, de actualización en diversos temas, de desconocimiento de las tendencias globales, de haber sido superados por las nuevas formas de hacer política y sigan aferrados al poder público, sin permitir el ya urgente relevo generacional, no podremos ver reconciliado, desafortunadamente, a los gobiernos con la sociedad, pero claro,estosson solo algunos pensamientos dichos… en voz alta.

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